Laura Vera - Tarot Profesional
LAURA VERA | TAROT PROFESIONAL
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Todas las tarotistas me dicen lo mismo

"Él y yo estamos juntos por destino y somos almas gemelas. Él tiene [insertar problema], está confundido, se resiste… pero volverá a mí arrastrado por lo intenso de lo que sentimos el uno por el otro".

Probablemente pienses que estoy aquí para criticar a quien se hace pasar por tarotista y te está tomando el pelo (de forma bastante evidente, por cierto) con afirmaciones de este tipo. Pero en realidad estoy aquí para explicarte qué haces tú para seguir topándote con gente así.

En líneas generales, existen dos tipos de tarot, igual que existen dos tipos de clientes.

Tarot auténtico

Por un lado está el tarot auténtico. El que da respuestas. El que te sitúa en tu realidad, en tus aprendizajes y en tus posibilidades. Sales con un mapa claro, con comprensión y objetivos, no con promesas vacías sobre lo que el otro siente o dejará de sentir.

Es un conocimiento transmitido de forma oral y reservada, de generación en generación. No existe curso que pueda enseñarlo. Mi bisabuela materna era reconocida como vidente. Yo empecé a los 11 años, aprendí con mi madre y sin ningún libro, y tardé 9 años en considerarme preparada. No es algo que se adquiera en un fin de semana ni en una academia.

Para mí las cartas son una herramienta de comunicación con algo sagrado: el conocimiento. La comprensión de tu propia situación. Eso es lo sagrado, porque es lo único que te da la posibilidad real de vivir tu vida.

A este tarot accede quien de verdad quiere una respuesta, aunque no sea la que esperaba.

Toma el ejemplo del principio, el del alma gemela que "volverá arrastrada por los sentimientos". Si un alma se fragmenta para poder vivir experiencias distintas en paralelo, no tiene ningún sentido que sus partes se reencuentren más adelante como un puzle que se completa: no funciona así. Cuando dos almas gemelas se cruzan, lo que ocurre es un intercambio de potencial. Yo aprendí una cosa, tú aprendiste otra, y ahora llega el momento de aprender juntos lo que ninguno de los dos sabía hacer solo. No significa "yo te enseño a sumar y tú me enseñas a dividir". Significa que cada uno llega con una herida que el otro no puede evitar tocar, y precisamente por eso se ve obligado a trabajarla. No es armonía, es fricción que hace falta. Si estás esperando que vuelva porque sois almas gemelas, puede que hayas entendido el concepto al revés: no vuelven para completarte, chocan contigo para hacerte crecer. Y crecer duele, no es "te quiero para siempre" de un día para otro.

Tarot como entretenimiento

Y luego está el negocio del entretenimiento de editoriales y empresas que contratan para sus líneas telefónicas de tarot a personas, a menudo desempleadas o en apuros, a las que pagan 0,10€ el minuto, con turnos larguísimos de espera entre llamada y llamada. Sin formación, talento ni preparación, solo con un guion y una directriz: decir lo que el cliente quiere oír. Mientras las operadoras hablan con el cliente, en la central escuchan la conversación en tiempo real. Cuando termina la llamada, llaman a la tarotista y la riñen si no ha superado cierta media de minutos por consulta o si ha dicho algo que ha podido hacer sentir mal al cliente o quitarle «la esperanza» (sin esperanza no hay dinero).

Este «tarot» es inconfundible: no da respuestas, da dudas. Y malestar. Te aleja de la realidad y te sumerge en el plano de la imaginación. Por eso todas las tarotistas dan la misma respuesta.

Prueba a presentarte como tarotista: en el anuncio pondrá "buscamos personas con dones y gran experiencia" y en la entrevista te dirán "ya sabes cómo va, no se le puede decir la verdad a la gente porque no sabemos si están en un estado alterado o podrían tomar decisiones equivocadas".

A este negocio construido para explotar el dolor se accede cuando sabes que algo no va a funcionar y necesitas una lógica distinta a la tuya para hacer menos evidente lo que en realidad está claro (no te quiere, no tiene las intenciones que te gustaría...).

Quien consulta el tarot-basura busca exactamente eso: ser engañado, porque no sabe engañarse solo y no quiere aceptar la realidad. No es tontería, es dolor. Hay una situación que duele demasiado como para mirarla de frente y el cerebro busca cualquier salida que le permita no cerrar todavía esa puerta. La tarotista de turno no es más que esa salida: alguien que te confirma que la puerta sigue abierta, que hay esperanza, que el universo conspira a tu favor. Por eso el guion es siempre el mismo.

Si quieres recibir una lectura de tarot auténtica, tienes que estar dispuesta a escucharla como tal.

Quien va de tarotista en tarotista preguntando si es él, si volverá, si sois almas gemelas, no está buscando a su alma gemela. Está buscando a alguien que confirme una historia que ya tiene escrita en la cabeza.

Ya sé lo que te han dicho. Te lo dicen todas, lo mismo. Y ahora tú también sabes por qué.

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