Consulta sentimental

La acción más importante que lleva a cabo el ser humano es la acción de relacionarse.

Las relaciones sentimentales son complejas porque la relación con nosotros mismos también lo es. Entenderse a uno mismo puede ser complicado, todos tenemos la misma teoría, sabemos lo que se supone que es sano y lo que no… pero, ¡ay la práctica!

Cada ser humano es único, cada uno es hijo de su padre y de su madre, irrepetible, y combinar dos identidades únicas para que se transformen en un equipo, en una relación, a veces, no es sencillo.

No era fácil hace un par de décadas -qué fuerte hablar de décadas, quiero dejar constancia de que soy joven 🤭- y ahora, con el boom de las redes sociales y las etiquetas -gaslighting, ghosting, narcisistas, gente fluyente- parece que a todos nos pasa lo mismo, que seguimos un patrón y ahí empieza a aumentar la paranoia.

Por supuesto, hay 1500 manuales de instrucciones sobre cómo detectar y operar con cada tag o etiqueta y, entonces, empieza el debate interno que antes no era tan evidente o tan popular: ¿yo lo estoy haciendo bien? ¿es que no estoy sabiendo entenderle? ¿es el otro un ser humano con sus propios retos o un ejemplar más a clasificar en lo que los “entendidos” aprovechan para darse a conocer?

Una consulta sentimental no es un estudio psicológico o en el que se persigue buscar red, green, yellow o blue flags. Tampoco sirve para masturbarte mentalmente en un falso refugio de “va a volver” o “voy a ser super feliz” como sirven de forma prefabricada en un montón de líneas telefónicas.

Una consulta sentimental sirve, en primer lugar, para despejar tus dudas y cortar todo el bucle mental y la ansiedad o tristeza en el que nos sumimos cuando algo escapa de nuestro entendimiento, pero nos importa.

No entender lo que está sucediendo con una persona con la que estás vinculada a nivel emocional puede ser angustiante, desconcertante y agotador.

La parte predictiva de una consulta, al menos conmigo, sirve para saber si el esfuerzo que se está realizando es en la dirección adecuada. Si compensa sentarse a entender qué está sucediendo.

Para sustituir todos esos “no sé qué va a pasar” por la toma de consciencia del verdadero punto en el camino en el que te encuentras tú y se encuentra tu relación, pudiendo manejarte, así, en las posibilidades reales y acciones útiles.

Entender al otro, si el interés es real, o no; si existe, o no, la posibilidad de que ambos lleguéis a un acuerdo sobre el tipo de relación que queréis sostener; su sinceridad contigo o implicación en la relación; qué es lo que le está sucediendo para actuar de una determinada manera o su visión sobre ti y la relación también es una parte interesante e importante a examinar en una consulta sentimental.

Yendo un paso más allá, para profundizar en el entendimiento de lo que os sucede y para que pueda servirte una consulta sentimental como autoconocimiento y entendimiento, algo que siempre merece ser observado  es lo que está sucediendo en realidad: qué necesidades individuales están causando estas experiencias, qué aprendizajes o qué es lo que está queriendo mostrar el trastorno que vivenciáis a nivel individual o como pareja. ¿Para qué os sucede esto? ¿Qué es lo que estáis despertando el uno en el otro?

Y es que una pareja te muestra todo aquello de lo que eres capaz de ser o desarrollar… en positivo (¿quién luce mejor que una persona enamorada?) y en negativo, te desmonta la fachada y la imagen que, a menudo, construimos sobre nosotros mismos ayudándonos a transitar la tan temida vulnerabilidad.

En definitiva, una consulta sentimental puede ser entendida como un acto de amor propio. Es un medio para aclarar la mente, despejar dudas, entender qué te/os sucede y cómo proceder de la forma más beneficiosa para ti y, si corresponde, para la relación.

Es una buena forma de entenderte y atajar el laberinto de dudas o emociones difíciles (miedo, dolor, decepción…) por el que nos obligamos a transitar, a veces, cuando las relaciones se tornan difíciles.

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